lunes, enero 15, 2007

ESPIANDO A KIKE por Harapos

Grunt era un afamado escritor, y lo primero que recuerdo es estar con él caminando por la calle con mucha prisa hacia algún lugar.
Nos detuvimos frente a un portal y le dijo con tono muy confidente que él tenía las llaves de un sitio donde encontraríamos muchas respuestas. Abrió con ellas la puerta de cristal, subimos en el ascensor, y luego abrimos la puerta de uno de los apartamentos.
Nada más entrar en una de sus habitaciones, Grunt se puso a escribir un montón de datos, muy aprisa y muy emocionado. Había un maniquí con un traje de lapón, y él lo cogió y se lo puso por encima de su ropa. El bolígrafo echaba humo y Grunt no dejaba de revolver entre un montón de papeles que había por allí.
Yo no veía nada fuera de lo particular (excepto el traje de lapón, que debía ser algo muy importante), y cuando nos disponíamos a marcharnos me fijé en una agenda que ponía un nombre que se me hacía conocido: Sr. Benlloch.

-¡Estamos en casa de kike! informé a Grunt.
-¿Cómo? ¿Le conoces?- Me preguntó muy alucinado.

Entonces escuchamos la maquinaria del ascensor y Grunt me cogió por un brazo diciéndome que teníamos que irnos de allí, que aquello era muy peligroso, que el dueño de la casa era muy vengativo y nos mataría.

Yo alucinaba porque no sabía nada de la supuesta peligrosidad de kike, pero aún así le seguí. Subimos escaleras arriba y nos separamos por dos pasillos.

Yo seguí subiendo y me encontré con los trasteros de la comunidad de vecinos. Era como un laberinto de pasillos con puertas blancas, y entraba mucha luz por ventanas en el techo. Me di cuenta de que yo también tenía unas llaves en el bolsillo y fui probando a ver si abría alguna de las puertas.
Efectivamente, en una de ellas coincidía. Giré y me encontré con un trastero lleno de libros y cómics. En el suelo había un colchón, y tapada entre las sábanas estaba Iris, una chica a la que apenas conozco pero que es muy muy amiga de mi anterior pareja. Dormía muy profundamente así que pude fisgonear el desván y encontrar con gran júbilo por mi parte, cinco o seis Don Mikis (revista que colecciono) antiguos, que me llevé con sigilo.

Seguí vagando un rato por los pasillos de los trasteros, y vi que una de las puertas daba a la azotea. Allí giraba una gran bola de colores, como las de las discotecas, haciendo de faro multicolor. Recuerdo que tuve miedo de que la encendieran y quedarme ciega, así que me escapé de allí.
Tenía muchas ganas de ir al baño, así que busqué uno. Me metí, y vigilé que nadie me hubiese seguido los pasos. Cerré el pestillo y me dirigí hacia el retrete, pero al darme la vuelta para sentarme me di cuenta con gran horror que una mujer enorme, pero enorme de verdad, tamaño XXXXXL, digamos que sería del tamaño de un oso que se hubiese tragado a un elefante, se había puesto delante de la puerta con cara de muy malas pulgas.
Cuando intenté salir , una fuerza intangible me levantó por los aires, y me hizo volar hacia la boca de la mujer, que abría como un túnel sin fondo.

Cuando me iba a comer sin patatas ni nada, me desperté.

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