jueves, febrero 26, 2015

Pesadilla por Manuel Esteban

Estamos en la calle, en el paseo marítimo. En ese momento en que empieza a anochecer. Entre busco e fusco. Justo enfrente del estadio de Riazor. Por algún motivo caminamos por la calzada rodeados de gente, pequeñito y yo. Como cuando hay algún evento y se corta el tráfico. Mamá está algo alejada, en la acera, cerca de la balaustrada. Habla divertida con Luz y María. Por algún motivo sé que es Luz porque, a pesar de estar de espaldas lleva un carrito McLaren como el nuestro pero no es el nuestro. Nosotros apenas lo sacamos de casa ya… Mamá nos mira y nos saluda. En seguida vuelve a la conversación con las amigas. De repente pierdo de vista a nené. Es un segundo. Me produce un escalofrío pero pienso: “enseguida lo alcanzaré y me lo llevo con mamá en el colo. Entonces lo veo. Es un autobús rojo, inmenso. Un mercedes de los nuevos. Pasa a mi lado rugiendo. Entonces es cuando me doy cuenta de que no llegaré a agarrar a puspi. Veo cómo el autobús avanza y él corre mirando hacia atrás y riéndose como hace siempre. En dirección al autobús. Cuando quiero mover las piernas no me responden. Me quedo paralizado viendo cómo el autobús le atropella. Sus enormes ruedas le sepultan y pasan por encima de su cuerpecito. Siento el ruido amortiguado que hace su carne al ser aplastada pero, increíblemente, cuando el bus ha pasado de largo (indiferente a lo que ha ocurrido) lo veo desmadejado sobre el asfalto pero con sólo unos rasguños. No lo entiendo. Sé que debería haberlo aplastado, pero estoy tan aliviado que no me importa. Me acerco y me arrodillo ante él. Entonces vuelvo a ver a Mamá en la distancia y sólo pido que no haya sido nada (sigh!). Bajo la vista y le toco. Le empujo. Le hablo. Intento reanimarle. No sirve de nada. No se mueve. No respira. Mamá se gira. Se ha dado cuenta de que pasa algo. Su sonrisa se le congela en la cara y empieza a acercarse. Puspito está frío. Ahora me doy cuenta de que es verdad. Por un segundo creí que era todo un sueño. Me pongo a gritar. Mamá me mira aterrada y empieza a correr. Grito tanto que me duele la garganta… Me despierto empapado en sudor.

jueves, noviembre 20, 2008

GATOS por Harapos


Todos los miembros de la comunidad y yo, vivíamos en un refugio hecho con una estructura de maderas y cuerda, y cubierta de telas, alfombras y colchas viejas. Era alargado y estaba en un claro del bosque, con un camino que transcurría a su lado. Desde dentro la sensacion era la de estar metido en un túnel peludo y blandito.
Al principio del sueño no me daba cuenta, pero todos nosotros éramos a veces humanos, a veces gatos. Aparte de esto, no sucedía nada en particular, el tiempo transcurría tranquilamente, sólo sensaciones agradables mientras tomaba el sol, o largos ratos observando los estampados de las telas de las paredes y techo.
Pero de pronto todo se inundó de una sensación de peligro. Venía un coche por el camino. En realidad era como una lancha zodiac(1) que iba por tierra, con aspecto neumático y sin techo. Venía directo hacia nosotros, y me quedé paralizada de terror. Estos segundos fueron angustiosos, pero cuando llegó justo a mi lado supe lo que hacer. De un salto me dejé caer en uno de los bordes neumáticos del vehículo, lo que me dio el suficiente impulso para pasar volando por encima de él, y caer donde estaban el resto de gatos amigos. El coche-barca siguió su camino, rozando uno de los lados de nuestro hogar, y desapareció con una nube de polvo tras de sí.

Todos volvimos a la entrada de nuestra barraca, al principio nerviosos y serios, pero después de un rato comenzamos a relajarnos. En ese momento teníamos forma humana aunque mi punto de vista era muy cercano al suelo. Me acerqué a un amigo y empecé a quitarle pelusas del jersey y del pelo. Otros empezaron a hacer lo mismo. Alguien me acariciaba la cabeza. Me di cuenta de que ese ritual era el equivalente a los lametones que se dan los gatos unos a otros en ciertos momentos de tranquilidad, y que esta acción nos hacía sentir bien y fortalecía nuestros lazos. Salí al sol y me tumbé de lado dejándome caer de mis cuatro patas. Volvía a ser animal. Entonces pensé que lo mejor sería que todos nos fuésemos de allí porque aunque el peligro había pasado, podía volver. El refugio era frágil, casi lo había tirado con su velocidad. Además, si llovía, seguramente las paredes traspasarían, empapadas, y por cierto, no había visto comida por ningún lado.
Me acerqué al grupo y les comenté que conocía un lugar donde seguro que nos darían de comer porque era el hogar de una humana muy buena con los animales. Tenía miedo de que algunos no quisieran vivir bajo la protección de una persona (2), así que pregunté a cuántos les parecía bien la idea. Contamos 30 cabezas (3). Treinta gatos éramos demasiados para llegar a casa de mi madre (que era donde estaba pensando ir) y que no nos podría alimentar a todos. Estaba tratando de solucionar este problema cuando me desperté.

NOTAS
(1) La serie de televisión que estoy viendo tiene muchas persecuciones por mar sobre barcas y zodiacs.
(2) El último libro que acabé tiene como protagonistas gatos, que se dividen en dos facciones: Los que viven amansados bajo la protección de un humano que les alimenta, y los que se niegan a aceptar esta situación alegando que es una esclavitud o yugo por el que no están dispuestos a pasar, y prefieren vivir de la caza sin depender de nadie.
(3) En el trabajo somos 30 compañeros.

miércoles, abril 18, 2007

EL CICLO por Harapos

Iba a casa de Antonio y me costaba caminar porque llevaba unas botas de tacón. Cuando llegué a su portal me di cuenta de que el techo era mucho más bajo de lo que yo recordaba, y que con esas botas tenía que agacharme para no tropezar. Entonces empecé a subir escaleras y me di cuenta de que en muchas zonas el techo estaba manchado de sangre, de la gente que se había dado con la cabeza contra el gotelé (encima estaba estucado a la manera veneciana, hay que ser sádico) y caminando caminando, subiendo escaleras absorta mirando los manchones del techo, me di cuenta de que estaba en el octavo, así que tuve que volver a bajar.
Como mi historial en tobillos torcidos es bastante grueso, decidí coger el ascensor, que compartí con un chico bajito que llevaba un destornillador.
-Abajo,¿Verdad?
-Sí
El ascensor empezó a marcar, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, -1, -2, -3, -4, -12...
El tío estaba tan tranquilo a pesar de que se notaba que el ascensor había cogido mucha velocidad. Yo le expliqué lo que pasaba y me miró con incredulidad.
-Es imposible, será un error de la pantalla digital.
El ascensor ya marcaba -26, -38,-146, -7.480.... Los números se movían rapidísimamente como si fuera un cronómetro, y de repente la cabina empezó a girar hacia un lado, de manera que nos quedamos tumbados sobre el lateral.

Yo empecé a gritar y a gemir, me abracé al tío y le grité que íbamos a morir, que en mis sueños siempre me pasaba lo del ascensor y que nunca era un error de la pantalla.
Fue por esto que me di cuenta de que estaba soñando, y sollozando en sueños, apretada contra el pecho de Antonio, en la cama. Noté aún en sueños como él se despertaba y intentaba despertarme, preguntándome qué me pasaba. Yo se lo conté mientras me sorbía los mocos y le conté el sueño tal y como lo he escrito aquí, pero al llegar al final no me acordaba de algunos detalles, y me di cuenta de que aquello era muy raro, de que me habiá ido a dormir sola y no sabía cuándo se había metido Antonio en la cama...

Entonces sí me desperté de verdad y mi gata Miga estaba dándome con la patita en la cara para que le abriese la puerta.

lunes, enero 15, 2007

ESPIANDO A KIKE por Harapos

Grunt era un afamado escritor, y lo primero que recuerdo es estar con él caminando por la calle con mucha prisa hacia algún lugar.
Nos detuvimos frente a un portal y le dijo con tono muy confidente que él tenía las llaves de un sitio donde encontraríamos muchas respuestas. Abrió con ellas la puerta de cristal, subimos en el ascensor, y luego abrimos la puerta de uno de los apartamentos.
Nada más entrar en una de sus habitaciones, Grunt se puso a escribir un montón de datos, muy aprisa y muy emocionado. Había un maniquí con un traje de lapón, y él lo cogió y se lo puso por encima de su ropa. El bolígrafo echaba humo y Grunt no dejaba de revolver entre un montón de papeles que había por allí.
Yo no veía nada fuera de lo particular (excepto el traje de lapón, que debía ser algo muy importante), y cuando nos disponíamos a marcharnos me fijé en una agenda que ponía un nombre que se me hacía conocido: Sr. Benlloch.

-¡Estamos en casa de kike! informé a Grunt.
-¿Cómo? ¿Le conoces?- Me preguntó muy alucinado.

Entonces escuchamos la maquinaria del ascensor y Grunt me cogió por un brazo diciéndome que teníamos que irnos de allí, que aquello era muy peligroso, que el dueño de la casa era muy vengativo y nos mataría.

Yo alucinaba porque no sabía nada de la supuesta peligrosidad de kike, pero aún así le seguí. Subimos escaleras arriba y nos separamos por dos pasillos.

Yo seguí subiendo y me encontré con los trasteros de la comunidad de vecinos. Era como un laberinto de pasillos con puertas blancas, y entraba mucha luz por ventanas en el techo. Me di cuenta de que yo también tenía unas llaves en el bolsillo y fui probando a ver si abría alguna de las puertas.
Efectivamente, en una de ellas coincidía. Giré y me encontré con un trastero lleno de libros y cómics. En el suelo había un colchón, y tapada entre las sábanas estaba Iris, una chica a la que apenas conozco pero que es muy muy amiga de mi anterior pareja. Dormía muy profundamente así que pude fisgonear el desván y encontrar con gran júbilo por mi parte, cinco o seis Don Mikis (revista que colecciono) antiguos, que me llevé con sigilo.

Seguí vagando un rato por los pasillos de los trasteros, y vi que una de las puertas daba a la azotea. Allí giraba una gran bola de colores, como las de las discotecas, haciendo de faro multicolor. Recuerdo que tuve miedo de que la encendieran y quedarme ciega, así que me escapé de allí.
Tenía muchas ganas de ir al baño, así que busqué uno. Me metí, y vigilé que nadie me hubiese seguido los pasos. Cerré el pestillo y me dirigí hacia el retrete, pero al darme la vuelta para sentarme me di cuenta con gran horror que una mujer enorme, pero enorme de verdad, tamaño XXXXXL, digamos que sería del tamaño de un oso que se hubiese tragado a un elefante, se había puesto delante de la puerta con cara de muy malas pulgas.
Cuando intenté salir , una fuerza intangible me levantó por los aires, y me hizo volar hacia la boca de la mujer, que abría como un túnel sin fondo.

Cuando me iba a comer sin patatas ni nada, me desperté.

miércoles, noviembre 08, 2006

CALEIDOSCOPIO por Harapos


Hoy tuve un sueño bastante psicodélico, en el que sólo aparecían formas geométricas.
Mi mundo estaba formado por una cuadrícula que se dividía y se multiplicaba con formas caleidoscópicas. Era un placer perderse en las curvas y ángulos del sueño, pero de pronto, se oyó un sonido rebotando por el espacio, y todo se volvió cuadrado y regular. Ese timbre agudo se volvió a oír, y todos los cuadrados se dividieron en dos, reduciéndose a rectángulos. A los pocos segundos, otra vez el sonido, y los rectángulos se convirtieron en cuadrados más pequeños.
Y así todo el rato. El sonido era rítmico y un poco más alto, y cada vez que sonaba dando su órden mis cuadrados se dividian en más y más trozos, haciéndose más y más pequeños. Llegó un punto en el que el sonido lo invadía todo y las imágenes de mi sueño eran tan pequeñas que pensé en miles de átomos perdidos en una negrura bastante espantosa.
De golpe todo desapareció de mi vista y me quedé a solas con el sonido rebotando dentro de mi cráneo, esta vez acompañado de una ligera presión sobre mi labio inferior, y fue entonces cuando reconocí aquello como unos maullidos y me di cuenta de todo: Era mi gato que intentaba despertarme porque quería salir de la habitación, y como maullando no lo conseguía, había decidido darme con la pata en la boca.

jueves, septiembre 28, 2006

NIEBLA por Harapos

Lo primero que recuerdo es encontarme agarrada al tronco de un árbol. Fue como si hubiese llegado en estado de sonambulismo porque me sorprendí y me pregunté cómo demonios había llegado hasta allí. Observando mi situación, me di cuenta de que no era muy alentadora... si miraba hacia abajo no veía el suelo, sólo niebla y un montón de troncos finos y largos casi pegados al mío, que se agitaban con el viento. Si miraba hacia arriba veía exactamente lo mismo, así que no podía saber a qué altura estaba pero por el modo en que se agitaban los troncos, incluso al que yo estaba agarrada,parecía bastante peligrosa así que decidí agarrarme a dos o tres a la vez para estar más segura.
Mientras pensaba qué hacer, llegó una chica flotando. Llevaba un traje que la hacía parecer un cocodrilo, con cola reptiliana, y me dijo muy seria que me dejase resbalar hacia abajo lentamente, agarrada como estaba a varios troncos a la vez, o el árbol dejaría doblar sus ramas bajo mi peso y luego me lanzaría hacia el vacío como una catapulta. Me aconsejó que fuese cambiando de ramas para que él no se diese cuenta y que al llegar al suelo me enroscase sobre mi misma y Buch me protegeria.
Así lo hice y me dejé resbalar cruzando la niebla. El suelo estaba mullido por un montón de hojas secas y me hice un ovillo sobre ellas. Al instante noté como una masa pegajosa con olor a madera podrida se inclinaba sobre mí y me abrazaba con su peso. Cada vez veía menos luz y daba la impresión de que me iba a asfixiar pero confiaba plenamente en la palabras de la niña voladora, asi que cerré los ojos y esperé.
Cuando los volví a abrir, la cosa llamada Buch había abierto una cueva para mí, y yo estaba tendida en el medio, habia una entrada bastante diminuta por la que se colaba el sol y el sonido de los grillos, la atmósfera húmeda y tenebrosa se había esfumado, y yo me sentía como si fuera un animal que se despierta de la hibernación con mucha mucha hambre.
Entonces oí pasos, y vi una sombra que se acercaba... algo peludo... algo cuadrúpedo... Era una rata enorme, con un pelo lustroso tan espeso y tan negro que deseaba acariciarlo. Y entonces habló.
No me acuerdo de qué me dijo, pero sé que me alimentó y me dio calor, y me informó de que allí afuera había una guerra, y que debería colaborar con ellos para acabar con el tirano.

A partir de ahora casi no recuerdo nada, pero sé que parte del plan era que la niña lagarto volase muy alto, como nunca lo había hecho, y para ello yo tenía que ir corriendo justo delante de ella dejando caer semillas de hierba en el suelo, que nacerían al instante y la elevarían de algún modo.

Fue un sueño precioso y lo recuerdo a pesar de que me desperté y seguí durmiendo un buen rato después :)

lunes, abril 24, 2006

TERREMOTO YEYÉ por Harapos

Pues resulta que los señores de Games Workshop habían tenido a bien darme un premio por la excelente labor que yo había hecho (no me pregunteis cual, porque esa parte no aparece en el sueño de hoy), y este premio consistía en un Vale-Abono con el cual me servirían consumiciones gratuitas en todos los bares y pubs de la ciudad.
Así pues, esa noche salí de fiesta pero como estaba tomando antibióticos (cosa que sucede en la vida real, no me libro de ellos ni en sueños), pues no podía tomar alcohol, así que invité a Orfeo a una cerveza.
Mis amigos se enteraron, así que insistían e insistían en que los invitara a ellos también. De fondo sonaba la chica yeyé y había un montón de luces. Estaba muy contenta así que les pedí unas consumiciones, aunque sabía que en teoría el premio sólo lo podía disfrutar yo.
De pronto el bar se puso a temblar, las lámparas se entrechocaban, y mis amigos y yo nos agarrábamos intendando mantener el equilibrio. El jefe de Games Workshop se había enterado de que estaba inflingiendo las normas firmadas al aceptar el premio y nos castigaba haciendo moverse la tierra, como si estuviésemos dentro de un escenario de warhammer y él con sólo agitar la mesa pudiera hacernos temblar.

Me desperté y me di cuenta de que todo estaba temblando de verdad, estaba notando el pequeño terremoto que movio Galicia el 23 de Abril a las siete y media de la mañana.

viernes, abril 21, 2006

GALA POR LA BODA por Adahara


Este es un sueño que tuve hace ya varios años:
Me acerqué a la mesita de la televisión, abrí el cajón izquierdo y allí descubrí un papel que no había visto antes. Estaba doblado y con curiosidad empecé a desplegarlo: un pliegue, otro pliegue, otro....finalmente resultó ser un folio enorme, apenas abarcaba a sujetarlo con los brazos abiertos. Alguien a mi espalda (que nunca llegué a ver) comenzó a explicarme que ese papel estaba allí desde 1973, fecha en la que se casaron mis padres. Lo observé con cuidado y pude comprobar que sí que era antiguo, pues estaba amarillento, un poco arrugado y por las marcas de los pliegues amenazaba con romperse.
"¡A por la televisión!", eso era lo que ponía en la parte superior del folio, en letras mayúsculas y muy grandes. No entendía lo que significaba, y la voz desconocida continuó a mi espalda: "esa es la lista de la gente que fue a la boda de tus padres y junto a cada nombre está escrita la cantidad en pesetas con lo que contribuyeron a regalarles una T.V.". La verdad es que me hizo mucha gracia el ver que se necesitaba una fortuna para tener una televisión, pero a la vez me dieron pena mis padres, porque ese fue el único regalo que recibieron.
Empecé a leer la lista casi con emoción. Estaba escrita a mano con bolígrafo azul y algunas cantidades de dinero en rojo. Me di cuenta de que no conocía ningún nombre (no me extrañó el no reconocer a ningún familiar) y pude observar como la lista estaba por orden de "contribución": es decir, los que más pagaron estaban de primeros y los últimos eran los que menos (también pensé en lo mal que quedaron estos, pues sólo pagaron cuatro pesetas y aún encima era de dominio público).
Entonces todo cambió.
Ahora estaba en un escenario y frente a mi se alzaban toda una hilera de asientos (literalmente, pues pude observar que las escaleras que discurrían entre las butacas eran empinádisimas, casi había que escalar).Yo estaba al fondo del escenario y sólo observaba, y entre toda la gente empecé a reconocer a gente famosa. En esto que, como si se tratase de un profesor que pregunta la lección a sus alumnos, los famosetes fueron levantándose uno por uno y por estricto orden. Yo no sabía muy bien de que hablaban, pero pude deducir que respondían a varias preguntas concretas: ¿Qué significa para ti la boda?¿Que les regalarías?¿Qué les deseas a los novios?. Lo que no tenía tan claro era a que boda se referían.
Pude ver como hablaban las Spice Girls, muy dicharacheras ellas. Al poco le tocó el turno a Anne Igartiburu, la cual fue abucheada pues había sido muy cursi y relamida. También habló Carmen Maura, pero nadie escuchó lo que decía, pues llevaba un traje de gala marrón, muy, pero que muy feo que la hacía cuatro veces más gorda, y sólo la pudimos mirar y compadecernos de ella.
De repente estaba sentada en las escaleras empinadas, parecía que la gala había acabado, y estaba acompañada por Morten Harket (el cantante de A-ha) y un señor anónimo. Hablábamos con bastante pasión sobre los sueldos de los médicos. Le pregunté al señor una duda que me estaba corroyendo por dentro: "¿Cuánto cobran los médicos de la Seguridad Social por una operación?". "Bueno"-me dijo"normalmente unas mil o dos mil". Yo me quedé muy sorprendida, parecía una cantidad muy pequeña: "Pero vamos a ver, ¿dos mil por día?¿o por operación?¿o por hora?". Lo miré fijamente porque necesitaba saberlo, era urgente para mi.
Entonces desperté.

miércoles, abril 19, 2006

LAZYCAT VOLADORA por Harapos

Estábamos en una llanura inmensa sin apenas árboles pero con mucha hierba, algo seca por el verano. En medio de lo que abarcaba la vista estaba nuestra casa, pequeñita, de una planta, muy acogedora.
Paseábamos a su alrededor cuando Lazycat se sacó un paquete de la mochila. Era un globo aerostático automático individual. Te colocabas un arnés, le dabas a un botón, y se inflaba en unos segundos. Lazycat nos preguntó a Adahara y a mí si queríamos probarlo. A ninguna de las dos le sedujo demasiado la idea así que se colocó el arnés ella misma, apretó el botón y mientras se inflaba nos dijo que el globo iba soltando aire poco a poco, así que caería suavemente en algún lugar a unos 20 minutos de donde estábamos, que ya se las apañaria para volver.
Y así fue. Se elevó poco a poco se elevó. Minuto a minuto se la veía más pequeña. Yo tenía miedo y me retorcía las manos porque me daba la impresión de que estaba subiendo demasiado alto. Adahara especulaba acerca de si habría pillado una corriente vertical y entonces oímos que nos decía (en nuestras cabezas) que algo iba mal. De pronto vimos como el globo se deformaba y Lazycat nos explicaba que tenía un escape bastante grande. A lo lejos vimos como el aparato empezaba a girar, como cuando sueltas un globo lleno de aire y sale disparado a propulsión. Venía directo hacia nosotras en una espiral frenética y rapidísima. Adahara corrió a resguardarse en el porche de la casita, y yo quise seguirla pero no podía moverme. Entonces me di cuenta de que estaba atada a una silla que estaba clavada a la tierra. El globo con Lazycat venía rapidísimo y yo no podía hacer nada por evitar el impacto. Pensé que si venía hacia mí quizá podría agarrarla en brazos pero venía muy rápido y en zig zag aleatorio.
En el último segundo el globo giró a mi derecha y cayó. Entonces pude moverme con libertad porque la silla había desaparecido, y fui corriendo hacia donde estaba lazycat, envuelta en telas flaccidas y hablando con Adahara, que ya había llegado a su lado.
Parecía que estaba bien. La ayudamos a levantarse y le preguntamos si le dolía algo.

-No me duele nada, estoy perfectamente pero un poco mareada. Tengo ganas de vomitar.
-Pues vomita, no te aguantes las ganas.

Lo último que le entendí antes de despertarme con mi gato metiéndome los bigotes en la nariz, fue:

-No quiero, que antes me comí un helado de limón, y estaba muy rico.

domingo, abril 16, 2006

ESQUIAR EN EL DESIERTO por Orfeo

Como todo el mundo sabe, en el desierto hace mucho frío de noche, y este desierto no era una excepción. En lo que si era excepcional este desierto era en las montañas que lo poblaban, altas montañas que se cubrían de nieve en invierno, sobre todo por el lado por el que menos les daba el sol.

Yo sabía todo eso, y también sabía que tras las recientes avalanchas, la nieve acumulada se había desparramado ladera abajo hasta llegar a la llanura que bordeaba las montañas, por lo que ante la visión de esas planicies de nieve aplastada y lisita, lo más lógico del mundo era construir una estación de esquí.

Así que allí estaba yo, con mi equipo completo de esquiador dispuesto a lanzarme ladera abajo. Era genial, porque se estaba fresquito, pero como daba el sol tampoco era un frío muy intenso. Era una gozada poder esquiar en aquel lugar. Me preguntaba cómo era que no se le había ocurrido antes a nadie la idea de construir un estación de esquí en el desierto...

Pero claro, se había hecho un poco tarde y cuando estaba finalizando el descenso noté que hacía un poco de 'demasiado' calor... Al mismo tiempo, cada vez empezaba a verse más arena a los lados de la pista de esquí y esta pista se iba estrechando por momentos. De pronto lo comprendí, había descendido demasiado y tan cerca del 'suelo' hacía demasiado calor.

¡La nieve se estaba derritiendo! Aparecían arenillas en la estrecha franja de nieve, costaba mantener el equilibrio... Y cada vez iba más y más rápido... ¡Menudo porrazo que iba pegarme!

Velocidad, vértigo y...

Despierto con el corazón latiendo a toda velocidad.

Nunca iré a esquiar al desierto. ;-)

viernes, abril 07, 2006

LAS VÍAS DE TREN por Harapos

Lo primero que recuerdo es una playa de arena fina y agua verde. Apenas hay gente y difruto caminando por la orilla. Me descalzo, y pienso en bañarme en sostén y bragas y luego secar al sol, pero una chica se me acerca y me da conversación.
Es preciosa.
Tiene el pelo del color de la miel, los ojos como las castañas, la piel parece azúcar moreno y huele a mora. Está para comérsela.
La invito a un refresco en una terraza que aparece por allí muy oportunamente, y ella me cuenta que es masajista terapéutica, que está haciendo un curso en España pero que vive en Ámsterdam, y que mientras está aquí, duerme en casa de sus tíos. Me invita a tomar café en su casa y


yo accedo, y le pido que si de paso me hace un masaje. Ella me dice que sí y me indica donde vive su familia, entonces recuerdo que por allí también vive una tía mía. Vamos caminando por la orilla de la carretera, y cruzamos por una urbanización. Allí hay unos jardines preciosos, y mientras la chica, tan preciosa que hace juego con los jardines, me dice que atajaremos si cruzamos por la vía del tren, yo arranco una mata de flores rojas para plantarlas en mi casa, pero al volver a mirarlas me doy cuenta de que la planta está muerta y comienza a pudrirse.
Mi chica comestible ya está caminando por las vías del tren así que arrojo lejos de mí el matojo podrido y la sigo a paso ligero. Va muy aprisa, y aunque no parece correr, no logro alcanzarla. Yo sí corro, y corro, y ella sigue estando lejos, así que cojo un monopatín y lo engancho en los raíles y echo a patinar. Voy a una velocidad de vértigo, no puedo parar, y de pronto las vías se separan en dos. La suya va unos metros más a la derecha, pero como continúan paralelas, sigo el camino sin preocuparme. De pronto ella se mete por un túnel. Yo intento frenar, mi vía se eleva y pasa por un puente estrecho que de hecho sólo lo constituyen las propias vías. Me asusto e intento mantener el equilibro a la vez que miro a mi derecha y veo que la chica sale del túnel y también cruza un puente. Me pregunto como se le ocurrirá volver a casa por un sitio tan peligroso, las vías parecen una montaña rusa y se introducen por grandes naves metálicas flotantes. Al fin, llegamos a tierra. Es un lugar donde hay por lo menos diez vías en paralelo, que se cruzan y se vuelven a cruzar. La busco con la mirada y veo que hay otras tres personas caminando por allí. Me distraigo y me caigo, noto como la grava se me clava y desgarra la piel de mis codos y de mis rodillas. El cuerpo me arde, temo haberme roto algún hueso, y no puedo moverme. A lo lejos, se oye el pitido de un tren.
En este momento me desdoblo, ya no soy yo, sino una de las personas que estaban caminando por allí. Veo el cuerpo de la que antes era yo, tirado en la vía. Sangra por todas partes y se queja, así que corro hacia donde está. De pronto un tren que pasa a la velocidad del rayo, le pasa por encima. Milagrosamente, no le sucede nada, pero al mirar hacia un lado , veo que se aproximan varios trenes más. La chica rubia y las otras personas corren como gallinas despavoridas, sin control; yo tengo mucho miedo de que nos aplasten a todos, y voy esquivando trenes saltando de una vía a otra. Vienen tan deprisa que no sabes por qué vía vienen hasta que no los tienes encima. Una de las personas y yo logramos llegar a una orilla, pero apenas hay margen entre las vías y un precipicio por el que estamos a punto de caer. No tenemos escapatoria. Corro hacia el otro lado volviendo a esquivar trenes y camiones que pasan por allí. Hay un gran estruendo y mucho humo. Me doy cuenta de que es como en un videojuego antiguo, de la Atari, que era una liebre que tenía que cruzar una carretera. Al llegar al otro lado, lo mismo. Un precipicio del que no se ve el fondo.
Paso muchísimo miedo, y cada vez estoy más cansada.
De pronto, veo que más allá hay un cruce (de carreteras que se mezclan con las vías) y que hay una isleta. Si logramos llegar hasta ahí, estamos salvados.
Cuando llegamos, es de noche, y la isleta está fortificada. Hay guardianes que caminan con una escopeta y un perro al lado. No sé como voy a hacer para salvar a la chica y a la otra persona. Ideo un plan. MI plan consiste en hacer que los perros se coman a los dueños. No sé como lo hacemos, pero tirando de una cuerda salen un montón de perros de algún lado, y empiezan a comerse al guardián. Oigo como le crujen los huesos y chapotea la sangre, (la noche es muy oscura y todo ocurre por debajo de mí, como en una trinchera, así que no veo nada) pero el hombre no grita ni se queja. Sé que es porque si lo hace, le despedirán. Es monstruoso. A pesar de todo, siento una extraña sensación de triunfo, estamos salvados.

jueves, marzo 30, 2006

PRAGA - MOSCÚ - TOKIO por Adahara


Acababa de anochecer. El cielo estaba despejado y corría una brisa agradable. Caminaba por un camino perpendicular a Alfonso Molina, sólo q en vez de llevar al Carrefour, iba a un pueblito con seis o siete casas unifamiliares junto a un pequeño muelle. Era un momento idílico, no había ningún ruido, las farolas, muy antiguas, se acababan de encender y daban una tenue luz. Los pocos pobladores que allí vivían estaban sentados en sillas al aire libre.
Estaba de visita - no se a quien, pues no conocía a nadie - me senté con ellos y estuvimos hablando un buen rato. Fue todo muy agradable, pero llegó el momento de marchar. Iba a volver como vine: caminando. Pero en el pueblo se negaron, pues podría ser peligroso. Ni yo, ni ellos tenían coche, pero me ofrecieron su método alternativo: caminamos hacia unas rocas, y en la base había un aguejero lo suficientemente grande como para que cupiese una persona. Si te fijabas, había una cinta en contínuo movimiento. Era el mismo mecanismo que en los aeropuertos se lleva las maletas, sólo que en este caso, llevaba personas.
Dije que no, q a mi eso de ir por un agujero por el que no podía ni moverme, sabe dios durante cuanto tiempo, me daba claustrofobia. Pero me convencieron de que no me quedaba otra opción. Además, Fran me acompañaría (era Fran Ribera, el hijo de Carmina Ordóñez). Primero entró él. Se metió en el agujero y desapareció poco a poco. Luego me metí yo. La única manera de ir por ahí era tumbada. Allá fui.
Estaba un poco asustada pq con que la roca se estrechase sólo un poquitín, me quedaría atascada. Pasó un rato, y como vi que no pasaba nada malo, me relajé - y de Fran Ribera, no volví a saber más -.
Noté claridad y vi que la roca se abría por un lado y estaba atravesando una ciudad: "¡Es Praga!¡qué bonita, con las ganas q tenía de verla". Estaba contentísima, no sabía que el viaje sería tan emocionante.Al rato, la roca se volvió a cerrar y mi viaje continuó. Pasé por varias cuidades que reconocía al momento - Moscú fue la que más me impactó -.
En ningún momento me moví de mi sitio, la cinta me llevaba por sitios maravillosos. Lo mejor fue cuando de nuevo la roca desapareció por mi lado izquierdo y pude ver que iba por un pequeña acantilado, como puede haber millones en la Tierra, pero yo supe que era Japón. Y me emocioné, ¡por fin veía Japón!. De repente un fuerte estruendo empezó a taladrar mis oidos. No necesité ni un minuto para adivinar lo que era: se acercaba un maremoto - ¿qué como lo sabía? soñé tantas veces con ellos, que ya estoy acostumbrada - . La verdad es que no estaba muy asustada, confiaba en que antes de que llegase la roca me cubriría y seguiría mi camino. En la pared empezaron a proyectarse dos palabras: ALERT TSUNAMI.
De la nada aparecieron un montón de japoneses que corrieron a ponerse a salvo. No se les ocurrió mejor cosa que intentar meterse en la roca. Empecé a chillar que se tranquilizasen, que si empujaban así nos íbamos a quedar atascados. Pero no atendían a razones....
Me desperté sonriendo: debí de coger la cinta en la dirección equivocada, pq de este modo para ir a mi casa tenía que dar la vuelta al mundo.

jueves, marzo 23, 2006

COMPETICIÓN DE DARDOS por Orfeo

No recuerdo como había logrado apañármelas para participar en ella... Pero allí estaba, en la competición de dardos más importante del mundo. Me acompañaba mi novia, y me enfrentaba a los mejores jugadores del planeta...

Pero ojo. No se trataba de una de esas aburridas competiciones que a veces se ven por la tele, en la que se lanzan dardos con precisión milimétrica a una diminuta diana que no se ve a simple vista y es necesario ampliar en una pantalla gigante. En esta competición tan especial los diseñadores se las apañaban para construir extraños e ingeniosos mecanismos que exigían lanzar los dardos de maneras diferentes e inesperadas.

En una prueba podría ser necesario lanzar un dardo para explotar un globo lleno de agua y que cayera la mayor cantidad de agua posible en un medidor... O podría ser necesario activar con el impacto un dispositivo que pusiera en marcha una bola... pero para obtener la máxima puntuación había que atinar con otro dardo en el momento en que quisiéramos que esta se detuviera.

Había paredes repletas de relieves y objetos extraños, y las pruebas se presentaban por sorpresa a los participantes en el campeonato. Había mucho público que chillaba de emoción ante cada nueva sorpresa...

Y sin comerlo ni beberlo, de pronto me vi en la gran final...

La prueba final era la más espectacular y delirante de todas. Una prueba que satisfacería las esperanzas de público y participantes. Os describiré el demencial aparato al que tenía que enfrentarme:

Ante mi apareció una gigantesta oreja humana fabricada en algún material blando, en el que poder clavar los dardos... A unos metros de distancia estaba mi jefe, conectado mediante unos cables y electrodos a una máquina estrambótica que parecía salida del laboratorio de un científico chiflado.

La maquina transmitiría directamente a la persona a ella conectada, mi jefe, la sensación que le podría causar a su oreja el resultado de mi impacto en la oreja gigante... La maquina estaba dotada con un medidor del dolor que sentía la persona que se enchufaba a ella, y claro... ¡Ganaría el torneo quien le causara el máximo dolor a la persona que la organización le conectara, que en mi caso, era mi jefe!

Hice mi tiro, y clave el dardo justo en el centro de esa aletita pequeña que tenemos en la mitad de la oreja, cerca del agujero del oido... Mi jefe pareció no quedar muy afectado por el dolor. "Y creo que pierdes" me dijo, aunque un titubeo y el color de su rostro parecían dar a entender que quería disimular el dolor, el muy bribón. ;-)

¡Y la máquina arrojó la máxima puntuación! ¡Mi tiro le había hecho un daño horrible!

Iba a ser el campeón y... Me desperté.

CARCASSONNE por Harapos

Madre mía qué vicio tengo. De tanto jugar ocurre lo que ocurre, y hoy me pasé la noche soñando que jugaba al Carcassonne contra una chica que me cae bastante mal y que le hizo una cosa muy fea a un amigo. El caso es que a medida que íbamos colocando teselas en el juego, le iban quitando piezas a la casa del vecino, y la iban desmontando poco a poco. Era bastante agobiante porque además había venido la policía a echarnos de casa acusándonos de okupas, y tenían una orden judicial que nos daba unas horas para marcharnos. Todo era culpa de la fiesta que habíamos montado la noche anterior, en la que la chica contra la que estaba jugando había salido a la calle armando un escándalo que no era normal.
Mi odio hacia ella crecía y crecía mientras completaba ciudades y caminos y el vecino lloraba porque se estaba quedando sin casa.
Menos mal que no recuerdo el final del sueño, porque no tenía pinta de ir a acabar muy bien...