viernes, abril 07, 2006

LAS VÍAS DE TREN por Harapos

Lo primero que recuerdo es una playa de arena fina y agua verde. Apenas hay gente y difruto caminando por la orilla. Me descalzo, y pienso en bañarme en sostén y bragas y luego secar al sol, pero una chica se me acerca y me da conversación.
Es preciosa.
Tiene el pelo del color de la miel, los ojos como las castañas, la piel parece azúcar moreno y huele a mora. Está para comérsela.
La invito a un refresco en una terraza que aparece por allí muy oportunamente, y ella me cuenta que es masajista terapéutica, que está haciendo un curso en España pero que vive en Ámsterdam, y que mientras está aquí, duerme en casa de sus tíos. Me invita a tomar café en su casa y


yo accedo, y le pido que si de paso me hace un masaje. Ella me dice que sí y me indica donde vive su familia, entonces recuerdo que por allí también vive una tía mía. Vamos caminando por la orilla de la carretera, y cruzamos por una urbanización. Allí hay unos jardines preciosos, y mientras la chica, tan preciosa que hace juego con los jardines, me dice que atajaremos si cruzamos por la vía del tren, yo arranco una mata de flores rojas para plantarlas en mi casa, pero al volver a mirarlas me doy cuenta de que la planta está muerta y comienza a pudrirse.
Mi chica comestible ya está caminando por las vías del tren así que arrojo lejos de mí el matojo podrido y la sigo a paso ligero. Va muy aprisa, y aunque no parece correr, no logro alcanzarla. Yo sí corro, y corro, y ella sigue estando lejos, así que cojo un monopatín y lo engancho en los raíles y echo a patinar. Voy a una velocidad de vértigo, no puedo parar, y de pronto las vías se separan en dos. La suya va unos metros más a la derecha, pero como continúan paralelas, sigo el camino sin preocuparme. De pronto ella se mete por un túnel. Yo intento frenar, mi vía se eleva y pasa por un puente estrecho que de hecho sólo lo constituyen las propias vías. Me asusto e intento mantener el equilibro a la vez que miro a mi derecha y veo que la chica sale del túnel y también cruza un puente. Me pregunto como se le ocurrirá volver a casa por un sitio tan peligroso, las vías parecen una montaña rusa y se introducen por grandes naves metálicas flotantes. Al fin, llegamos a tierra. Es un lugar donde hay por lo menos diez vías en paralelo, que se cruzan y se vuelven a cruzar. La busco con la mirada y veo que hay otras tres personas caminando por allí. Me distraigo y me caigo, noto como la grava se me clava y desgarra la piel de mis codos y de mis rodillas. El cuerpo me arde, temo haberme roto algún hueso, y no puedo moverme. A lo lejos, se oye el pitido de un tren.
En este momento me desdoblo, ya no soy yo, sino una de las personas que estaban caminando por allí. Veo el cuerpo de la que antes era yo, tirado en la vía. Sangra por todas partes y se queja, así que corro hacia donde está. De pronto un tren que pasa a la velocidad del rayo, le pasa por encima. Milagrosamente, no le sucede nada, pero al mirar hacia un lado , veo que se aproximan varios trenes más. La chica rubia y las otras personas corren como gallinas despavoridas, sin control; yo tengo mucho miedo de que nos aplasten a todos, y voy esquivando trenes saltando de una vía a otra. Vienen tan deprisa que no sabes por qué vía vienen hasta que no los tienes encima. Una de las personas y yo logramos llegar a una orilla, pero apenas hay margen entre las vías y un precipicio por el que estamos a punto de caer. No tenemos escapatoria. Corro hacia el otro lado volviendo a esquivar trenes y camiones que pasan por allí. Hay un gran estruendo y mucho humo. Me doy cuenta de que es como en un videojuego antiguo, de la Atari, que era una liebre que tenía que cruzar una carretera. Al llegar al otro lado, lo mismo. Un precipicio del que no se ve el fondo.
Paso muchísimo miedo, y cada vez estoy más cansada.
De pronto, veo que más allá hay un cruce (de carreteras que se mezclan con las vías) y que hay una isleta. Si logramos llegar hasta ahí, estamos salvados.
Cuando llegamos, es de noche, y la isleta está fortificada. Hay guardianes que caminan con una escopeta y un perro al lado. No sé como voy a hacer para salvar a la chica y a la otra persona. Ideo un plan. MI plan consiste en hacer que los perros se coman a los dueños. No sé como lo hacemos, pero tirando de una cuerda salen un montón de perros de algún lado, y empiezan a comerse al guardián. Oigo como le crujen los huesos y chapotea la sangre, (la noche es muy oscura y todo ocurre por debajo de mí, como en una trinchera, así que no veo nada) pero el hombre no grita ni se queja. Sé que es porque si lo hace, le despedirán. Es monstruoso. A pesar de todo, siento una extraña sensación de triunfo, estamos salvados.

1 Comments:

At abril 10, 2006 12:15 p. m., Blogger Lazycat said...

Qué bien empezó todo y qué mal acabó. Pobre guardián, es muy duro que te despidan después de que te devore un perro :(

 

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