domingo, marzo 19, 2006

EL DRAGÓN-REVISTA por Lazycat

Era por la mañana e iba camino del trabajo por unas calles propias del decorado de La ciudad de los niños perdidos. En un banco estaba sentada una amiga mía, que me dijo que ese día trabajaba de mañana porque era viernes, cosa que me dejaba bastante traumatizada porque yo el jueves por la noche tenía un cumpleaños y no recordaba haber ido. Tampoco recordaba haber hecho ninguna otra cosa. ¿Qué habría hecho para no acordarme de nada?
Ya en el trabajo (es una biblioteca), después de rallarme todo el camino con lo de la noche anterior, la jefa me dijo que me iba a enseñar a hacer una cosa que no sabía y que era importante (y que es un rollo, así que no os la explico). Me mandó coger dos revistas sobre el Levítico, cosa que no temenos en la vida real, claro, y con ellas nos fuimos al depósito de revistas, que debía de estar muy hundido en el subsuelo a juzgar por todos los pisos que bajamos en ascensor y los gnomos que nos cruzamos por el camino. Mientras bajábamos me dijo que ella no creía que ya fuese viernes, así me quedé un poco más tranquila.
Cuando llegamos al depósito nos fuimos a una sección que tenía unos libros gordísimos y muy brillantes, todos de religión, creo que la Biblia, el Corán y cosas de esas. Todo era tan brillante y cantoso que más parecía una juguetería que otra cosa. Y ahí, en lo alto de la estantería, estaba lo que a mí me pareció un carro de la compra con forma de dragón de peluche Pero no, era una revista (sería de arte, que las hay muy raras). Como era tan interesante mi jefa se subió encima de la estantería -sus pies por encima de mi cabeza- para enseñármela bien. "Es un ab... [palabra incomprensible para mí]" "¿Un bezoar", pregunté yo, pensando en una cosa de grandes propiedades mágicas según un profesor de Harry Potter. "Jaja, no, no, es un abedrón, qué va a ser un bezoar", me respondió ella, que debía estar bastante puesta en esos temas porque llevaba un gorro de bruja. Le abrió al trasto una cremallera que tenía por arriba y me explicó que ahí podías guardar las toallas y se te mantenían muy bien planchadas. Entonces el dragón-carro-revista habló. Y le mandó quitarse las medias y meterlas en su interior. Ella le obedeció al momento, y yo viendo que aquello se estaba poniendo raro cogí el ascensor y me marché.

1 Comments:

At marzo 22, 2006 12:26 p. m., Blogger Harapos said...

OoooOOOoooohhhh... Ahora que se estaba poniendo interesante... ¿A tí no te pidió que te quitaras nada?
De todos modos tampoco hay que ser mal pensados, igual lo único que quería hacer era lavaros la ropa interior y devolvérosla con perfume a lavanda inglesa :-)

 

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