lunes, abril 24, 2006

TERREMOTO YEYÉ por Harapos

Pues resulta que los señores de Games Workshop habían tenido a bien darme un premio por la excelente labor que yo había hecho (no me pregunteis cual, porque esa parte no aparece en el sueño de hoy), y este premio consistía en un Vale-Abono con el cual me servirían consumiciones gratuitas en todos los bares y pubs de la ciudad.
Así pues, esa noche salí de fiesta pero como estaba tomando antibióticos (cosa que sucede en la vida real, no me libro de ellos ni en sueños), pues no podía tomar alcohol, así que invité a Orfeo a una cerveza.
Mis amigos se enteraron, así que insistían e insistían en que los invitara a ellos también. De fondo sonaba la chica yeyé y había un montón de luces. Estaba muy contenta así que les pedí unas consumiciones, aunque sabía que en teoría el premio sólo lo podía disfrutar yo.
De pronto el bar se puso a temblar, las lámparas se entrechocaban, y mis amigos y yo nos agarrábamos intendando mantener el equilibrio. El jefe de Games Workshop se había enterado de que estaba inflingiendo las normas firmadas al aceptar el premio y nos castigaba haciendo moverse la tierra, como si estuviésemos dentro de un escenario de warhammer y él con sólo agitar la mesa pudiera hacernos temblar.

Me desperté y me di cuenta de que todo estaba temblando de verdad, estaba notando el pequeño terremoto que movio Galicia el 23 de Abril a las siete y media de la mañana.

viernes, abril 21, 2006

GALA POR LA BODA por Adahara


Este es un sueño que tuve hace ya varios años:
Me acerqué a la mesita de la televisión, abrí el cajón izquierdo y allí descubrí un papel que no había visto antes. Estaba doblado y con curiosidad empecé a desplegarlo: un pliegue, otro pliegue, otro....finalmente resultó ser un folio enorme, apenas abarcaba a sujetarlo con los brazos abiertos. Alguien a mi espalda (que nunca llegué a ver) comenzó a explicarme que ese papel estaba allí desde 1973, fecha en la que se casaron mis padres. Lo observé con cuidado y pude comprobar que sí que era antiguo, pues estaba amarillento, un poco arrugado y por las marcas de los pliegues amenazaba con romperse.
"¡A por la televisión!", eso era lo que ponía en la parte superior del folio, en letras mayúsculas y muy grandes. No entendía lo que significaba, y la voz desconocida continuó a mi espalda: "esa es la lista de la gente que fue a la boda de tus padres y junto a cada nombre está escrita la cantidad en pesetas con lo que contribuyeron a regalarles una T.V.". La verdad es que me hizo mucha gracia el ver que se necesitaba una fortuna para tener una televisión, pero a la vez me dieron pena mis padres, porque ese fue el único regalo que recibieron.
Empecé a leer la lista casi con emoción. Estaba escrita a mano con bolígrafo azul y algunas cantidades de dinero en rojo. Me di cuenta de que no conocía ningún nombre (no me extrañó el no reconocer a ningún familiar) y pude observar como la lista estaba por orden de "contribución": es decir, los que más pagaron estaban de primeros y los últimos eran los que menos (también pensé en lo mal que quedaron estos, pues sólo pagaron cuatro pesetas y aún encima era de dominio público).
Entonces todo cambió.
Ahora estaba en un escenario y frente a mi se alzaban toda una hilera de asientos (literalmente, pues pude observar que las escaleras que discurrían entre las butacas eran empinádisimas, casi había que escalar).Yo estaba al fondo del escenario y sólo observaba, y entre toda la gente empecé a reconocer a gente famosa. En esto que, como si se tratase de un profesor que pregunta la lección a sus alumnos, los famosetes fueron levantándose uno por uno y por estricto orden. Yo no sabía muy bien de que hablaban, pero pude deducir que respondían a varias preguntas concretas: ¿Qué significa para ti la boda?¿Que les regalarías?¿Qué les deseas a los novios?. Lo que no tenía tan claro era a que boda se referían.
Pude ver como hablaban las Spice Girls, muy dicharacheras ellas. Al poco le tocó el turno a Anne Igartiburu, la cual fue abucheada pues había sido muy cursi y relamida. También habló Carmen Maura, pero nadie escuchó lo que decía, pues llevaba un traje de gala marrón, muy, pero que muy feo que la hacía cuatro veces más gorda, y sólo la pudimos mirar y compadecernos de ella.
De repente estaba sentada en las escaleras empinadas, parecía que la gala había acabado, y estaba acompañada por Morten Harket (el cantante de A-ha) y un señor anónimo. Hablábamos con bastante pasión sobre los sueldos de los médicos. Le pregunté al señor una duda que me estaba corroyendo por dentro: "¿Cuánto cobran los médicos de la Seguridad Social por una operación?". "Bueno"-me dijo"normalmente unas mil o dos mil". Yo me quedé muy sorprendida, parecía una cantidad muy pequeña: "Pero vamos a ver, ¿dos mil por día?¿o por operación?¿o por hora?". Lo miré fijamente porque necesitaba saberlo, era urgente para mi.
Entonces desperté.

miércoles, abril 19, 2006

LAZYCAT VOLADORA por Harapos

Estábamos en una llanura inmensa sin apenas árboles pero con mucha hierba, algo seca por el verano. En medio de lo que abarcaba la vista estaba nuestra casa, pequeñita, de una planta, muy acogedora.
Paseábamos a su alrededor cuando Lazycat se sacó un paquete de la mochila. Era un globo aerostático automático individual. Te colocabas un arnés, le dabas a un botón, y se inflaba en unos segundos. Lazycat nos preguntó a Adahara y a mí si queríamos probarlo. A ninguna de las dos le sedujo demasiado la idea así que se colocó el arnés ella misma, apretó el botón y mientras se inflaba nos dijo que el globo iba soltando aire poco a poco, así que caería suavemente en algún lugar a unos 20 minutos de donde estábamos, que ya se las apañaria para volver.
Y así fue. Se elevó poco a poco se elevó. Minuto a minuto se la veía más pequeña. Yo tenía miedo y me retorcía las manos porque me daba la impresión de que estaba subiendo demasiado alto. Adahara especulaba acerca de si habría pillado una corriente vertical y entonces oímos que nos decía (en nuestras cabezas) que algo iba mal. De pronto vimos como el globo se deformaba y Lazycat nos explicaba que tenía un escape bastante grande. A lo lejos vimos como el aparato empezaba a girar, como cuando sueltas un globo lleno de aire y sale disparado a propulsión. Venía directo hacia nosotras en una espiral frenética y rapidísima. Adahara corrió a resguardarse en el porche de la casita, y yo quise seguirla pero no podía moverme. Entonces me di cuenta de que estaba atada a una silla que estaba clavada a la tierra. El globo con Lazycat venía rapidísimo y yo no podía hacer nada por evitar el impacto. Pensé que si venía hacia mí quizá podría agarrarla en brazos pero venía muy rápido y en zig zag aleatorio.
En el último segundo el globo giró a mi derecha y cayó. Entonces pude moverme con libertad porque la silla había desaparecido, y fui corriendo hacia donde estaba lazycat, envuelta en telas flaccidas y hablando con Adahara, que ya había llegado a su lado.
Parecía que estaba bien. La ayudamos a levantarse y le preguntamos si le dolía algo.

-No me duele nada, estoy perfectamente pero un poco mareada. Tengo ganas de vomitar.
-Pues vomita, no te aguantes las ganas.

Lo último que le entendí antes de despertarme con mi gato metiéndome los bigotes en la nariz, fue:

-No quiero, que antes me comí un helado de limón, y estaba muy rico.

domingo, abril 16, 2006

ESQUIAR EN EL DESIERTO por Orfeo

Como todo el mundo sabe, en el desierto hace mucho frío de noche, y este desierto no era una excepción. En lo que si era excepcional este desierto era en las montañas que lo poblaban, altas montañas que se cubrían de nieve en invierno, sobre todo por el lado por el que menos les daba el sol.

Yo sabía todo eso, y también sabía que tras las recientes avalanchas, la nieve acumulada se había desparramado ladera abajo hasta llegar a la llanura que bordeaba las montañas, por lo que ante la visión de esas planicies de nieve aplastada y lisita, lo más lógico del mundo era construir una estación de esquí.

Así que allí estaba yo, con mi equipo completo de esquiador dispuesto a lanzarme ladera abajo. Era genial, porque se estaba fresquito, pero como daba el sol tampoco era un frío muy intenso. Era una gozada poder esquiar en aquel lugar. Me preguntaba cómo era que no se le había ocurrido antes a nadie la idea de construir un estación de esquí en el desierto...

Pero claro, se había hecho un poco tarde y cuando estaba finalizando el descenso noté que hacía un poco de 'demasiado' calor... Al mismo tiempo, cada vez empezaba a verse más arena a los lados de la pista de esquí y esta pista se iba estrechando por momentos. De pronto lo comprendí, había descendido demasiado y tan cerca del 'suelo' hacía demasiado calor.

¡La nieve se estaba derritiendo! Aparecían arenillas en la estrecha franja de nieve, costaba mantener el equilibrio... Y cada vez iba más y más rápido... ¡Menudo porrazo que iba pegarme!

Velocidad, vértigo y...

Despierto con el corazón latiendo a toda velocidad.

Nunca iré a esquiar al desierto. ;-)

viernes, abril 07, 2006

LAS VÍAS DE TREN por Harapos

Lo primero que recuerdo es una playa de arena fina y agua verde. Apenas hay gente y difruto caminando por la orilla. Me descalzo, y pienso en bañarme en sostén y bragas y luego secar al sol, pero una chica se me acerca y me da conversación.
Es preciosa.
Tiene el pelo del color de la miel, los ojos como las castañas, la piel parece azúcar moreno y huele a mora. Está para comérsela.
La invito a un refresco en una terraza que aparece por allí muy oportunamente, y ella me cuenta que es masajista terapéutica, que está haciendo un curso en España pero que vive en Ámsterdam, y que mientras está aquí, duerme en casa de sus tíos. Me invita a tomar café en su casa y


yo accedo, y le pido que si de paso me hace un masaje. Ella me dice que sí y me indica donde vive su familia, entonces recuerdo que por allí también vive una tía mía. Vamos caminando por la orilla de la carretera, y cruzamos por una urbanización. Allí hay unos jardines preciosos, y mientras la chica, tan preciosa que hace juego con los jardines, me dice que atajaremos si cruzamos por la vía del tren, yo arranco una mata de flores rojas para plantarlas en mi casa, pero al volver a mirarlas me doy cuenta de que la planta está muerta y comienza a pudrirse.
Mi chica comestible ya está caminando por las vías del tren así que arrojo lejos de mí el matojo podrido y la sigo a paso ligero. Va muy aprisa, y aunque no parece correr, no logro alcanzarla. Yo sí corro, y corro, y ella sigue estando lejos, así que cojo un monopatín y lo engancho en los raíles y echo a patinar. Voy a una velocidad de vértigo, no puedo parar, y de pronto las vías se separan en dos. La suya va unos metros más a la derecha, pero como continúan paralelas, sigo el camino sin preocuparme. De pronto ella se mete por un túnel. Yo intento frenar, mi vía se eleva y pasa por un puente estrecho que de hecho sólo lo constituyen las propias vías. Me asusto e intento mantener el equilibro a la vez que miro a mi derecha y veo que la chica sale del túnel y también cruza un puente. Me pregunto como se le ocurrirá volver a casa por un sitio tan peligroso, las vías parecen una montaña rusa y se introducen por grandes naves metálicas flotantes. Al fin, llegamos a tierra. Es un lugar donde hay por lo menos diez vías en paralelo, que se cruzan y se vuelven a cruzar. La busco con la mirada y veo que hay otras tres personas caminando por allí. Me distraigo y me caigo, noto como la grava se me clava y desgarra la piel de mis codos y de mis rodillas. El cuerpo me arde, temo haberme roto algún hueso, y no puedo moverme. A lo lejos, se oye el pitido de un tren.
En este momento me desdoblo, ya no soy yo, sino una de las personas que estaban caminando por allí. Veo el cuerpo de la que antes era yo, tirado en la vía. Sangra por todas partes y se queja, así que corro hacia donde está. De pronto un tren que pasa a la velocidad del rayo, le pasa por encima. Milagrosamente, no le sucede nada, pero al mirar hacia un lado , veo que se aproximan varios trenes más. La chica rubia y las otras personas corren como gallinas despavoridas, sin control; yo tengo mucho miedo de que nos aplasten a todos, y voy esquivando trenes saltando de una vía a otra. Vienen tan deprisa que no sabes por qué vía vienen hasta que no los tienes encima. Una de las personas y yo logramos llegar a una orilla, pero apenas hay margen entre las vías y un precipicio por el que estamos a punto de caer. No tenemos escapatoria. Corro hacia el otro lado volviendo a esquivar trenes y camiones que pasan por allí. Hay un gran estruendo y mucho humo. Me doy cuenta de que es como en un videojuego antiguo, de la Atari, que era una liebre que tenía que cruzar una carretera. Al llegar al otro lado, lo mismo. Un precipicio del que no se ve el fondo.
Paso muchísimo miedo, y cada vez estoy más cansada.
De pronto, veo que más allá hay un cruce (de carreteras que se mezclan con las vías) y que hay una isleta. Si logramos llegar hasta ahí, estamos salvados.
Cuando llegamos, es de noche, y la isleta está fortificada. Hay guardianes que caminan con una escopeta y un perro al lado. No sé como voy a hacer para salvar a la chica y a la otra persona. Ideo un plan. MI plan consiste en hacer que los perros se coman a los dueños. No sé como lo hacemos, pero tirando de una cuerda salen un montón de perros de algún lado, y empiezan a comerse al guardián. Oigo como le crujen los huesos y chapotea la sangre, (la noche es muy oscura y todo ocurre por debajo de mí, como en una trinchera, así que no veo nada) pero el hombre no grita ni se queja. Sé que es porque si lo hace, le despedirán. Es monstruoso. A pesar de todo, siento una extraña sensación de triunfo, estamos salvados.